Falleció el gran Arturo Pomar

En una exhibición en Barcelona en 1943.
En una exhibición en Barcelona en 1943.

Se nos ha ido, a los ochenta y cuatro años, el gran Arturo Pomar, el más grande de los ajedrecistas españoles. Pomar nació en Palma de Mallorca el primero septiembre de mil novecientos treinta y uno y saltó a la fama muy pronto como niño prodigio. Deslumbró a los españoles de la postguerra, cuando tenía ocho o diez años y aún vestía pantalones cortos, por la facilidad con la que se imponía a ajedrecistas que podían ser sus abuelos.

Su primer éxito con sello mundial, cuando aún era Arturito Pomar, lo protagonizó precisamente en Gijón. El Casino de la Unión de los Gremios, el mejor club ajedrecístico de Asturias y uno de los mejores de España, al extremo de que fue uno de los fundadores de la Federación Española de Ajedrez, convenció a la comisión de Festejos del consistorio local para organizar el primer Torneo Internacional de Gijón.

Corría el año mil novecientos cuarenta y cuatro y los cañones retumbaban en medio mundo por obra y desgracia de la Segunda Guerra Mundial.

Con Alekhine en Gijón en 1944.
Con Alekhine en Gijón en 1944.

Entre los invitados al certamen estaba el niño prodigio del ajedrez español, que debía medirse con el campeón mundial Alexánder Alekhine, o Aliojin, si traducimos del ruso en lugar de hacerlo del francés. Bien es cierto que Alekhine, en aquel tiempo, era ya un dios menor, como muy acertadamente escriben mis estimados Luis y Pedro Méndez en la espléndida obra que dedicaron a los torneos internacionales de Gijón, pero, así y todo, aún era mucho Alekhine. Junto a él acudió a la cita el entonces campeón de España, Antonio Medina, y se midieron a los mejores ajedrecistas gijoneses, como Antonio Rico, Luis Gallego padre, Miguel Mampel, Arturo Bonet, Vicente González y el célebre doctor José Salas. La competición resultó un éxito total de público, que llenó los espléndidos salones del Real Club Astur de Regatas para seguir las evoluciones de aquellos gladiadores mentales.

El esperado duelo entre el campeón del Mundo y el niño prodigio mallorquín se convirtió realmente en un acontecimiento de multitudes. Pomar, que entonces tenía tan sólo doce añitos porque no cumpliría los trece hasta mes y medio más tarde, afrontó con serenidad de veterano la defensa a una Apertura Española que le planteó Alejandro Alekhine. Pasaba el tiempo y el campeón mundial no lograba meter en cintura al niño Arturito. La partida tuvo que suspenderse tras cinco horas de litigio ante el asombro del público y el pasmo del propio Alekhine. Se reanudó esa misma noche en los salones del Casino de la Unión de los Gremios, que se ubicaba en la esquina de la calle Corrida con la calle Munuza, encima de uno de los más populares cafés gijoneses, el Café Alcázar. Buen nombre para aquella época. Tras otras cuatro largas horas de dura lucha, el campeón mundial reconoció que no podía ganar al jovencito y, ante el entusiasmo de los numerosos asistentes, se firmaron las tablas. Los teletipos se pusieron a funcionar y la noticia se reflejó en toda la prensa nacional y buena parte de la internacional. El niño prodigio español había arrancado un meritorio empate al campeón del Mundo, tras nueve horas de batalla mental y setenta y un movimientos. ¡Increíble!

Nómina del Internacional de Gijón de 1944.
Nómina del Internacional de Gijón de 1944.

Un año después se proclamó campeón de España absoluto y su fuerza ajedrecística creció sin freno. Su excepcional sentido de la estrategia, su sobresaliente comprensión del juego posicional y su maestría en los finales de partida le hicieron un ajedrecista de primera línea mundial. Los principales periódicos del país, la radio y también el NODO se hicieron eco del inmenso talento de aquel jovencito. Sus exhibiciones de partidas simultáneas se hicieron famosas y despertaron una gran admiración en numerosas localidades de toda España. El régimen franquista vio una buena posibilidad de propaganda y el mismísimo Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios, lo recibió en su residencia de El Pardo y posó para los fotógrafos con una sonrisa, algo extrañísimo en él por cierto. Corría el año mil novecientos cuarenta y seis y los rotativos y las ondas lo convirtieron rápidamente en una estrella, en un prodigio propio del Movimiento Nacional, como Manolete, Dominguín, Joselito o Marisol. ¡Arriba España!

Disputó torneos por medio mundo y volvió a Gijón para ganar el Torneo Internacional de mil novecientos cincuenta y cinco, pero su momento culminante, y trágico a la vez, llegó en el año mil novecientos sesenta y dos, cuando tenía treinta y un años y estaba en lo mejor de su ajedrez. Entonces se clasificó para el Torneo Interzonal de Estocolmo, una prueba en la que participaban varias figuras mundiales y cuyo objetivo era lograr plaza para el Torneo de Candidatos al Campeonato de Mundo. Arrasó el legendario Robert James Fischer, Éfim Géller fue segundo, Tigrán Petrosián quedó tercero, Víktor Korchnói, cuarto… pero Arturo Pomar se quedó fuera de los puestos de pretendiente.

Todos sus rivales acudieron con entrenadores y analistas, salvo él, que acudió solo, sin ayudante alguno, por lo que sus posibilidades eran casi inexistentes antes de empezar, ya que, por aquel entonces, se aplazaban buena parte de las partidas y el torneo, además de muy duro, fue larguísimo y extenuante, con nada menos que veintitrés rondas. A pesar de todo dejó su impronta personal al realizar tablas frente al genial Bobby Fischer y derrotar a Éfim Géller, primero y segundo de la prueba. El notable gran maestro internacional Alexánder Alexándrovich Kótov, Entrenador Emérito de la Unión Soviética, comentó que si Arturo Pomar hubiera nacido en la Unión Soviética, hubiera sido un serio aspirante al título mundial.

Con Francisco Franco en 1946.
Con Francisco Franco en 1946.

Pero Arturo Pomar estuvo solo. Muchas fotos y reportajes en Marca, en Arriba, en Pueblo, en El Alcázar, en La Vanguardia y demás medios de la Prensa del Movimiento franquista, mucho NODO, mucha propaganda y muchas gaitas, pero hubo nadie que ayudara al talentoso Pomar ni pusiera un duro para sufragar un entrenador. Por cierto, toda su vida tuvo que trabajar como funcionario de Correos, por lo que nunca fue un profesional del ajedrez. Se defendió al máximo nivel a base de talento.

Tuve la fortuna de compartir participación con él en unos quince torneos, entre Campeonatos de España y pruebas internacionales. Y tuve también el placer de mantener con él unas cuantas conversaciones. Hablamos de Gijón y de Alekhine, claro, de Estocolmo y de Fischer, por supuesto, y de muchos de aquellos protagonistas de aquella época dorada del ajedrez. Él conoció y trató a casi todos los grandes. Y lo contaba con su naturalidad y afabilidad innatas, café mediante, entre tupidas nubes de humo producidas por mis Habanos y sus interminables cigarrillos Condal, su marca favorita.

Don Arturo Pomar era perfectamente consciente de que en Estocolmo se le escapó la gran oportunidad de su vida, pero nunca percibí en él ni un átomo de rencor. Fue una persona que disfrutó de una gran tranquilidad y que derrochó una enorme amabilidad, ambas al nivel de su oceánico talento para la comprensión de la compleja estrategia de las sesenta y cuatro casillas. Descansa en paz, maestro.

 

Un adolescente de gran fuerza ajedrecística.
Un adolescente de gran fuerza ajedrecística.
Pomar en 1970
Pomar en 1970
Pomar en 1972
Pomar en 1972
En el Muro se San Lorenzo, con la iglesia de San Pedro al fondo, era 1944
En el Muro se San Lorenzo, con la iglesia de San Pedro al fondo, era 1944

One thought on “Falleció el gran Arturo Pomar

  • 28 mayo, 2016 at 15:34
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    Gracias por este artículo Enrique:
    Tal como te he comentado en alguna ocasión, para mi Pomar y Alekhine Theron Los mayores divulgadores del Ajedrez en Este pais. Rememorando la genialidad de D Arturo Pomar he releido algunos párrafos del libro “Mis fin cuenta partidas con maestros” de Manuel de Agustin (1945) y realmente fueron profeticas.
    Un abrazo Luis Mendez

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