Sexta jornada del Campeonato de Asturias individual

Amable Andrés observa a Ismael Limachi. QUIQUE64
Amable Andrés observa a Ismael Limachi. QUIQUE64

Silencio por las víctimas del terrorismo. Los trescientos asistentes guardaron un emotivo y respetuoso minuto de silencio por los salvajes  atentados de París

Aunque las batallas ajedrecísticas astures se litigan muy lejos del Sena, la sexta jornada del Campeonato de Asturias arrancó con un sentido, justísimo e imprescindible minuto de silencio en memoria de las víctimas, de los familiares y de las amistades de los asesinados, brutal y gratuitamente, en la Ciudad de la Luz, en la cuna de la Ilustración y del Enciclopedismo, en la patria del gran Voltaire, del ilustre Diderot, del genial Descartes y de otros muchos pensadores que cambiaron la historia del mundo libre.

Unos perturbados mentales, en nombre de Alá, convirtieron, una vez más, la hermosísima ciudad de París en la Ciudad de la Muerte, como hicieron antes con Londres y con Madrid.

Amable sigue las evoluciones de Paula Bermúdez. QUIQUE64
Amable sigue las evoluciones de Paula Bermúdez. QUIQUE64

Estos fanatismos religiosos, propios de las teocracias del Medievo y de la indigencia mental más severa, han vuelto a protagonizar una jornada luctuosa, dolorosa y difícilmente comprensible. O quizás no tanto, porque existe, desde hace mucho tiempo, una guerra declarada por parte de muchos grupos musulmanes a la denominada Cultura Occidental y no conocemos aún una respuesta seria y sólida a la misma, a pesar de que pagamos, puntual y generosamente, a varios millones de políticos. ¿Cuántos inocentes más tienen que morir?

En el gran tablero de ajedrez que es la política mundial, los europeos siempre nos hemos mostrado incapaces de defendernos. Hace poco más de medio siglo tuvieron que ser los estadounidenses los que pusieran los dólares y los muertos para salvarnos el culo y librarnos del nazismo. ¿Quién tendrá que venir ahora a resolver nuestros problemas?

Santiago Arias, Jesús Lobo y Carlos García. QUIQUE64
Santiago Arias, Jesús Lobo y Carlos García. QUIQUE64

Dos de los mayores pesos pesados de la literatura universal, Lev Nikoláyevich Tolstói y Fiódor Mijaílovich Dostóyevski, estaban convencidos de que sería la Madre Rusia la que tendría que salvar a Occidente. Pudiera ser, porque parece que el nuevo Zar Vladímir Putín tiene mucha más determinación que toda esta patulea de políticos logse que sufrimos. Él, quizá, haya heredado algo de Pedro el Grande. Por aquí, hace tiempo que estamos huérfanos de estadistas de talla, como Winston Churchill o Konrad Adenauer.

Por si fallan ambas opciones y porque no es prudente esperar siempre la caridad de los demás, propongo un plan estratégico alternativo consistente en instar al eximio profesor Carlos López Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo y científico de primer nivel mundial, que vaya reclutando ADN suficiente para clonar al Rey Pelayo, porque vamos a necesitar a alguien con un par de adminículos bien puestos que evite que nos coloquen un turbante y nos pongan mirando a La Meca.

Pedro Méndez y Ángel García de la Fuente. QUIQUE64
Pedro Méndez y Ángel García de la Fuente. QUIQUE64

En fin, me centraré en el ajedrez, que es el objetivo de este portal, aunque, bien es cierto que he de realizar sobresalientes esfuerzos para no seguir con este penoso e irritante asunto y ponerme a blasfemar, ya que mi indignación alcanza proporciones oceánicas. Permítanme que, antes de entrar en materia escaquística, exprese desde aquí mi enhorabuena sincera al presidente de la Fapa, Manuel Bazán, por su iniciativa. Y vaya también mi solidaridad profunda con el pueblo francés. Lloraré, lloraremos, con ellos, pero ¡de pie! Porque es mejor morir de pie que vivir de rodillas, aunque lo mejor, como es obvio, es no morir y menos a punta de Kaláshnikov mientras te tomas un café o cenas con unos amigos. Esto de tener sueltas las serpientes por el pasillo de casa suele traer desgracias y finaliza, habitualmente, en el reino de Tánatos. ¡Vive la France! ¡Vive la Liberté! No sé si está bien escrito, probablemente no, porque nunca estudié francés, pero van a perdonarme que no pierda el tiempo en contrastarlo porque lo importante aquí es el sentido y creo que este resulta nítido hasta la extenuación.

 

¡POR FIN, AJEDREZ!

Una imagen durante el minuto de silencio. QUIQUE64
Una imagen durante el minuto de silencio. QUIQUE64

La cercanía de las últimas rondas, la trascendencia de los puntos en juego y, pienso, el estupendo clima que disfrutamos en Asturias estos días, demasiados días ya, por cierto, que parece Canarias, hicieron que hubiera una mayor expectación y que las visitas fueran más numerosas.

Por allí andaban varios ajedrecistas notables. Quiero hacer especial mención de algunos de ellos. Una es para Amable Andrés, progenitor de Alberto e Iván Andrés. Lo conocí en Ujo, hace unos treinta años, más o menos, cuando visité el colegio de La Salle para divulgar allí esta apasionante disciplina de las sesenta y cuatro casillas. Fue dentro de una de las primeras campañas de promoción del Trofeo Román Torán, aunque no recuerdo cuál de ellas.

Paco Bubble y Marcos Caso. QUIQUE64
Paco Bubble y Marcos Caso. QUIQUE64

Allí estaba Amable, que siempre hizo honor a su nombre, con Celso, el cual ya está en otra vida hace unos cuantos años, junto a un grupo de güajes, todos ellos muy jóvenes. Uno de ellos era Alberto, hoy maestro internacional. Lo recuerdo como si fuera ahora, porque ya entonces destacaba. Era distinto, tenía unos ojos diferentes y no perdía detalle. Siempre que pienso en esto recuerdo aquellos ojos, aquella mirada. Era especial. Me imagino que Iván aún estaría en el Jané, porque Alberto no tendría más de cinco o seis años. Amable fue uno de los primeros promotores de aquella campaña toranesca y puso su granito de arena en Ujo y en la zona del Caudal, un trabajo que cristalizó con más de trescientos cincuenta muchachos en Mieres, donde dirigía la maniobra José Antonio García, directivo del Casino, que tenía una fuerza organizativa enorme. Amable pasó buena parte de la tarde siguiendo las evoluciones de dos de las mejores promesas de la Cuenca del Caudal, como son Paula Bermúdez e Ismael Suárez Limachi. Quizá no sea casual que ambos ganaran y se colocarán en puestos de ascenso en sus respectivas categorías.

Otro que se dejó ver por la sala fue el veterano ajedrecista gijonés Luis Miguel Fernández Ponce. A Ponce lo conozco desde hace más tiempo aún que a Amable, porque era el jefe de la sección de ajedrez del Grupo de Cultura Covadonga cuando yo comencé a mover los trebejos. Va para cuatro décadas ya y puedo prometer, y prometo, que decía el otrora presidente del Gobierno de España Adolfo Suárez, que ambos teníamos pelo por aquel entonces, aunque algún cabroncete no lo crea. Testimonios gráficos habrá al respecto. Ponce también tuvo mucho que ver en los comienzos del Trofeo Román Torán, pues dirigió un par de años la campaña en Gijón, donde logramos poner a cerca de tres mil jovencitos a mover alfiles y caballos. Departió, entre otros, con Julián Iglesias, que es más joven, aunque ya ha cumplido el medio siglo, que también participó en aquellos comienzos toranescos. Eran otros tiempos, ya sé, pero los recuerdo muy bien, qué se le va a hacer. Cuestión de edad, supongo.

Pedro Méndez. QUIQUE64
Pedro Méndez. QUIQUE64

Otros ajedrecistas pasaron la tarde entre el centenar de tableros. Pedro Méndez, recientemente jubilado de la docencia, llegó del Campeonato de España de veteranos con moreno de Altea y hambre de ajedrez. Espero también que con hambre de escribir de épicas batallas ajedrecísticas, labor que comparte con su hermano Luis y que ya dio frutos sabrosos en el espléndido libro sobre los torneos internacionales de Gijón. Coincidió con el gradense Ángel García de la Fuente, con el que hablé del tristemente desaparecido Casimiro, otro motor histórico del ajedrez moscón y asturiano durante décadas.

De cuando en vez me dejé llevar a la sala de análisis, que pasa a ser también sala de juego para los más jóvenes, que resuelven sus cuitas en mucho menos tiempo del que deberían. Allí estaban Jesús Lobo y Santi Arias analizando su partida, bajo la atenta mirada del candasín Carlos García. Y también el popular ajedrecista gijonés Paco Bubble con el estudiante ovetense Marcos Caso, que estudiaron las distintas variantes de su confrontación.

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